Mostrando entradas con la etiqueta Túnez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Túnez. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de mayo de 2011

Violencia duradera


Lo que parecía tomar los colores de primavera, en aras de un renacer democrático y pacífico al sur del Mediterráneo, se esta transformando en un proceso sangriento y devastador, con consecuencias imprevisibles sobre la situación geopolítica y el futuro de los pueblos de la zona. Sin embargo, desde los primeros brotes de la revolución del Jazmín, que supo mantener el relativo carácter pacífico del movimiento, a pesar de su espontaneidad y ausencia de liderazgo, la mayoría de los observadores no dudaban en apostar por la teoría de los dominós, cuando no se arriesgaban a la imprudente comparación con la caída del muro de Berlín. 

Los trágicos acontecimientos que se viven actualmente en varios países Árabes, invitan a superar la mirada crítica sobre teorías y predicciones que se hicieron en su momento, para centrarse sobre la gravedad de la situación en razón del estancamiento de unos conflictos inicialmente internos que manifiestamente, tienden a transformarse en verdaderas guerras civiles, con serias consecuencias sobre el entorno de vecindad y con riesgos de internacionalización.

El caso de Libia, aún siendo el mas conmovedor, no es mas que la punta del Iceberg. Todo indica que los peculiares vientos de cambio que han soplado y siguen, en la ribera sur del Mediterráneo se habrían beneficiado, en sus primeros soplos, del efecto sorpresa que ha dejado desarmados a regímenes no adeptos a la libertad y a la protesta popular y sobre todo, convencidos de poder amordazar cualquier anhelo de libertad y movimiento democrático que se manifieste. La resistencia que oponen, hoy en día, regímenes similares a los que han sido derrocados de manera rápida y sorprendente, augura tiempos de tempestades y tormentas.

Por otra parte, nuevos factores han entrado en juego, en particular, la controvertida resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, temeraria para unos, necesaria para otros, pero que no deja de ser peculiar, por la elasticidad que permite a nivel de interpretación y eventual ampliación de la intervención autorizada. Una operación que empezó bajo el nombre clave de "Alba de la Odisea" y terminó en manos de la OTAN bajo el nombre de "Protector Unificado", sin resultados contundentes hasta el momento.

Otro foco de tensión que no se puede despreciar, se sitúa en Bahrein, con la intervención de apoyo militar por parte del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo, así como la consecuente reacción iraní. En este caso, el elemento confesional y el contencioso territorial latente, incrementan seriamente el nivel de alerta en la zona.

El caso de Yemen es aún mas complejo. La composición tribal de la sociedad y la proliferación de armas de todo calibre en el país, constituyen una seria amenaza a la estabilidad de los Estados vecinos de Arabia Saudí y de Oman, sin hablar de su situación estratégica en el golfo de Aden  que representa un escollo de peso a la navegación marítima, en particular, en lo que atañe a la ruta del petróleo.

Queda por mencionar, por ahora, el caso de Siria que empieza a preocupar seriamente a la comunidad internacional, en cuanto a la violencia prevaleciente en varias zonas del país, a tenor de las manifestaciones persistentes. En este caso también, las posibilidades de desbordamiento sobre el entorno próximo son altas y revisten una sensibilidad particular, dada la vecindad con Israel, Líbano y Turquía y las consecuentes implicaciones políticas, confesionales y étnicas, propias de un hervidero histórico que sigue vivo.

Ante tal panorama, la cuestión es saber si la comunidad internacional esta dispuesta a presenciar, de manera atónita, tanta inestabilidad y persistente violencia en una zona vital para la economía mundial y la paz universal. ¿O es que un conflicto de mayor envergadura se vislumbra en el horizonte?

Todo indica que un nuevo orden regional está en gestación, en el que Turquía, en su calidad de potencia militar y de ejemplo democrático de corte confesional moderado, está tomando posición para jugar un papel fundamental en las próximas etapas.

Cualquiera que sea el curso que tomen los acontecimientos, es preciso recordar que el conflicto palestino-israelí, seguirá siendo clave en la toma de decisión occidental. Es posible, que todo dependa de la postura de Israel frente a la ocasión histórica que se le presenta, desde la reconciliación reciente de las diferentes facciones palestinas, en vistas a garantizar una paz duradera, su propia seguridad y tener el privilegio de sonar el tañido fúnebre del "choque de civilizaciones".  


Abdeslam Baraka
Rabat  a 30 de abril 2011
Observación: El diario El País publicó el día 14/5/2011 un reportaje firmado Enric González, desde Jerusalem bajo el título "La primavera árabe se tiñe de sangre". Me sorprendió la similitud flagrante del reportaje con el presente artículo, por lo que hice una denuncia ante la defensora del lector del propio diario, sin mas pretensión que la de una excusa pública del periodista. Ustedes juzgarán.

Enlaces de publicación en otros medios

viernes, 8 de abril de 2011

Anhelos de cambio y ausencia de alternativas

Los movimientos del sur del Mediterráneo se caracterizan por la reivindicación de cambio, de ansias de libertad y de democracia y, al mismo tiempo, coinciden en la ausencia de programas alternativos.

Con excepción del rechazo legítimo a las dictaduras y al sistema instaurado por repúblicas totalitarias y paradójicamente hereditarias, las aspiraciones al cambio no parecen desembocar en movimientos organizados capaces de definirse ideológicamente y de presentar alternativas de gobierno. Alternativas que deberían realizar el cambio sin provocar la pérdida de confianza por parte de inversores nacionales y extranjeros, y dar respuesta a las reivindicaciones de empleo, de bienestar y de crecimiento.

Sea en Túnez o en Egipto, las organizaciones partidistas, los grupos de Facebook y hasta el discurso político en general no parecen ofrecer programas y propuestas de desarrollo.

A pesar de la importancia fundamental que reviste un marco constitucional renovado y progresista, este último no deja de ser un instrumento puesto en manos de actores políticos que, tarde o temprano, terminarán asumiendo la gestión de gobierno. En contextos históricos de esta naturaleza, no se concibe que la elección del ciudadano se dirija hacia la personalidad de los candidatos, sino más bien hacia programas serios y transparentes que les inspiren confianza y que les reconforten en sus sacrificios.

Cierto que nadie puede discutir el impulso democrático que se ha revelado en el sur del Mediterráneo, de la misma manera que no se puedan negar las serias dudas de las opiniones públicas occidentales, en relación con un modelo económico que las ha llevado a la actual crisis y en ciertos casos a la quiebra de Estados.

De allí la urgente necesidad de una hoja de ruta clara y estructurada que permita a los ciudadanos entrever su presente y su futuro con confianza y determinación. Es decir, lo propio de los partidos políticos en cualquier democracia que se respeta.

La actual crisis que atraviesa la democracia representativa occidental nos invita a dudar de la capacidad de los partidos a asumir sus mandatos en armonía con las bases que las han votado. El ejemplo de la elección de David Cameron y las inmediatas medidas impopulares tomadas por su gobierno, en desfase con el programa electoral, no hace más que resaltar la carestía y dificultad del estado democrático. De igual modo el actual conflicto libio, viene a confirmar el fenómeno, poniendo de relieve el antagonismo entre los apoyos parlamentarios a la intervención militar y el rechazo de la opinión pública, reflejada en los sondeos.

Tratando de guardar un cierto optimismo, se puede pensar que las convulsiones sociales y reformas constitucionales que se vislumbran en estos países, sabrán evitar estas imperfecciones democráticas que se han dado en el norte del Mediterráneo.

Es posible que la vía ideal para realizar este ajuste democrático pase por recurrir a más democracia directa a través de de consultas nacionales y locales en temas que interesen a los ciudadanos o que hipotequen su futuro. Otro conducto sería el de reforzar el acceso a las mociones de censura para mantener el dinamismo del proceso democrático. Y por último, quedaría la opción de constitucionalizar principios y acuerdos fundamentales que obliguen a todo equipo de gobierno, cualquiera que sea su inspiración ideológica.

Se trata, a fin de cuentas, de ofrecer al ciudadano la posibilidad de fijar sus necesidades y de ordenar sus prioridades en función de las posibilidades del Estado, antes de recurrir a las formulas de las instancias financieras internacionales que han lucido por sus fracasos.

Los gritos de cambio que se elevan en el mundo, coinciden en culpar a un sistema político y financiero que se ha ido instalando paulatina y perniciosamente desde una mundialización salvaje y desordenada, que sólo beneficia a especuladores y a mercaderes sin escrúpulos. La crisis financiera que se inició en 2008 es prueba suficiente de que los Estados son rehenes de intereses financieros, que terminan por hacer asumir al contribuyente sus déficits, pérdidas de sus especulaciones y sus errores de gestión.

Es hora de que cada cual vuelva a asumir sus funciones naturales, en primer lugar los Estados, protegiendo a los ciudadanos de las derivas del sistema, en espera de los antídotos y del reajuste de un modelo de sociedad que no termina de consolidarse.

Abdeslam Baraka
Rabat 7 de abril 2011

Centro de colaboraciones solidarias






















viernes, 21 de enero de 2011

Analogías tunecinas

Las voces tunecinas libres no desentonan con el clamor internacional en contra de la deriva neo-liberal, que se apoya en una globalización mercantilista injusta. No se trata pues de elucubrar sobre la teoría de los dominós en el mundo Árabe, porque nos encontramos ante algo mas profundo, complejo y global.


Más allá de la naturaleza del régimen derrocado en Túnez, que corresponde a la sociedad tunecina juzgar con conocimiento de causa, la cuestión que queda en tela de juicio es la de un cierto sistema neo-liberal basado en el mercantilismo y el clientelismo. Un sistema, que no es realmente liberal, y que es capaz de exhibir porcentajes de desarrollo humano y de rendimiento económico, que pueden seducir y confundir al mas riguroso de los expertos de las instituciones financieras internacionales.

Desde hace décadas, la República tunecina, figura en el Top ten de los indicadores de desarrollo humano del PNUD, en el ámbito del mundo Árabe. El promedio de su tasa de crecimiento se sitúa entre un 3 y 4%  y el éxito del sector turístico y de educación es incuestionable.

Es obvio que la falta de libertades, de respeto a la dignidad humana y de opciones democráticas no figuran entre los criterios de aquellos que acostumbran a repartir notas de buena conducta, a lo largo y ancho de la geografía,. La última curiosidad de este género la que acaba de protagonizar la agencia Moody's que, en un tiempo record, decidió rebajar la nota soberana de Túnez, con ocasión del proceso político en curso. En espera de las "sentencias" de Standards and Poor's, Fitch y otros, todo indica que estos "pitonisos" de las finanzas, saben más de castigos a las aspiraciones populares que de prevención de las crisis económicas y financieras. 

Resulta sorprendente que se note mejor cuando prospera un sistema económico basado en el monopolio de los negocios, corrupción y sombrías licitaciones; un sistema en el que el businessman se hace señorito y más rico, con tendencia a la ostentación y gala de poderío y en el que el marginado se ve condenado a seguir siendo pobre y excluido. 

Pero lo mas dramático se da cuando los gobiernos ansiosos de notaciones externas, siguen publicando estadísticas y esquemas, convencidos de estar alcanzando sus objetivos de crecimiento y lucha contra la pobreza, en el momento en que la cruda realidad de los pueblos demuestra todo lo contrario. 

El sistema tunecino fue un fiel seguidor de los estándares occidentales a nivel de gobernanza económica que, sin duda, ha sido en beneficio de las dos partes. Pero a diferencia de los países del sur, en el caso de Europa, por ejemplo, se garantizaba a los pueblos, al menos hasta ahora, una cobertura social suficiente que, en general, los ponía a salvo de la precariedad y de la exclusión.

Pero era sin contar con los efectos de la crisis financiera y de la intervención del Fondo monetario internacional que, a pesar de la ineficacia de sus pociones, probada en no pocos países del tercer mundo, sigue empeñado en recetar las mismas fórmulas de menos Estado, de equilibrio presupuestario a toda costa y de recortes sociales; en este caso a los países del norte de Mediterráneo.

Llama la atención el hecho de que la política económica de EE.UU no se inscriba en esta orientación. Al contrario, la administración Obama, refuerza su sistema de cobertura social sanitaria, abarata los créditos e incrementa la inversión pública en vistas a crear empleo. El resultado es que los americanos están recobrando paulatinamente su vitalidad y estado de bienestar, cuando los países europeos siguen bajo las turbulencias del Euro y de las "reformas sociales", a pesar del buen resultado germano.

Es hora para los gurús de las finanzas de recordar que no se puede poner en ecuación matemática a un ser tan sensible y peculiar como el ser humano. En ese sentido la situación geográfica no constituye un argumento serio, pero sí lo es el sentimiento de dignidad y de justicia.

Por todo ello, las voces tunecinas libres no desentonan con el clamor internacional en contra de la deriva neo-liberal, que se apoya en una globalización mercantilista injusta. No se trata pues de elucubrar sobre la teoría de los dominós en el mundo Árabe, porque nos encontramos ante algo mas profundo, complejo y global. Más bien se trataría de la gestación de un nuevo orden mundial justo y humano, que podría haber empezado a la orilla del Mediterráneo.

Que Dios proteja al Pueblo tunecino hermano y que guíe sus pasos.

Abdeslam Baraka

Rabat 21 de enero 2011