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martes, 25 de enero de 2011

Tunisian analogies



Free Tunisian voices, do not clash with the international outcry against neo-liberal drift, which is based on an unfair mercantilist globalisation. One should not, therefore, speculate on the theory of the dominoes in the Arab world, because we are dealing with something deeper, complex and global.

Beyond the nature of the overthrown regime in Tunis, which is for the Tunisian society to judge, the question that remains is that of a neo-liberal system based on commercialism and patronage. A system, which is not really liberal and which is capable of displaying rates of human development and economic performance, which can seduce and confuse the most rigorous of experts from international financial institutions.

For decades, the Republic of Tunisia, has been listed in the Top Ten human development indicators from UNDP, for the Arab world. The average growth rate is between 3 and 4% and the success of the tourism industry as well as education is unquestionable.

It is obvious that the lack of freedoms, human dignity and democratic choices are not among the criteria for those who usually go around handing out left and right notes of good behaviour. The final curiosity of this kind is Moody's Ratings which, in record time, decided to downgrade the sovereign rating of Tunisia immediately after its president was deposed. Awaiting the "sentences" of Standards and Poor's, Fitch and others, it appears that these "mediums" of finance, know more about punishing popular aspirations than about the prevention of economic and financial crises.

It is surprising to achieve a better rating, when an economic system prospers based on monopoly of business, corruption and shady tenders, a system in which the businessman is Master and always richer, with a tendency to ostentation and show of power and which leaves the outsider doomed to remain poor and excluded.

But what is more dramatic is when governments eager for external ratings continue to publish statistics and patterns, convinced that they are achieving their objectives of growth and poverty reduction while the harsh reality of the people shows the opposite .

The Tunisian system was a faithful follower of Western standards of economic governance that, without doubt, was to benefit both parties. But unlike the countries of the south, as in the case of Europe, for example, where people were guaranteed, at least so far, a sufficient social security coverage that, in general, made them safe from insecurity and exclusion.

This is without taking into consideration the effects of the financial crisis and the International Monetary Fund assistance, that despite the ineffectiveness of its potions, proven in many third world countries, remains committed to prescribe smaller government formulas, balanced budgets at all costs and cuts in social spending, in this case to the northern Mediterranean countries.

What draws our attention is the fact that U.S. economic policy, does not prescribe to this formula. In contrast, the Obama administration, has increased its social health coverage, lowered its interest rates and increased its public spending in order to stimulate the economy and create employment. The result is that Americans are gradually regaining their vitality and welfare state, when European countries are still under the turmoil of the Euro and the "social reforms", despite the good results achieved in Germany.

It's time for the financial gurus to remember that you cannot put into a mathematical equation something as sensitive and unique as a human being. In that sense the geographical location is not a serious argument, but the sense of dignity and justice is.

Therefore, free Tunisian voices do not clash with the international outcry against neo-liberal drift, which is based on an unfair mercantilist globalisation. It is, therefore, not about speculation on the theory of the dominoes in the Arab world, because we are dealing with something deeper, more complex and global. Rather, it would be the creation of a new, just and humane world order, which may have started at the edge of the Mediterranean.

May God protect the Tunisian people and guide their steps.

Abdeslam Baraka
25- 01- 2011

Translated by Abderrahim Loh

viernes, 21 de enero de 2011

Analogías tunecinas

Las voces tunecinas libres no desentonan con el clamor internacional en contra de la deriva neo-liberal, que se apoya en una globalización mercantilista injusta. No se trata pues de elucubrar sobre la teoría de los dominós en el mundo Árabe, porque nos encontramos ante algo mas profundo, complejo y global.


Más allá de la naturaleza del régimen derrocado en Túnez, que corresponde a la sociedad tunecina juzgar con conocimiento de causa, la cuestión que queda en tela de juicio es la de un cierto sistema neo-liberal basado en el mercantilismo y el clientelismo. Un sistema, que no es realmente liberal, y que es capaz de exhibir porcentajes de desarrollo humano y de rendimiento económico, que pueden seducir y confundir al mas riguroso de los expertos de las instituciones financieras internacionales.

Desde hace décadas, la República tunecina, figura en el Top ten de los indicadores de desarrollo humano del PNUD, en el ámbito del mundo Árabe. El promedio de su tasa de crecimiento se sitúa entre un 3 y 4%  y el éxito del sector turístico y de educación es incuestionable.

Es obvio que la falta de libertades, de respeto a la dignidad humana y de opciones democráticas no figuran entre los criterios de aquellos que acostumbran a repartir notas de buena conducta, a lo largo y ancho de la geografía,. La última curiosidad de este género la que acaba de protagonizar la agencia Moody's que, en un tiempo record, decidió rebajar la nota soberana de Túnez, con ocasión del proceso político en curso. En espera de las "sentencias" de Standards and Poor's, Fitch y otros, todo indica que estos "pitonisos" de las finanzas, saben más de castigos a las aspiraciones populares que de prevención de las crisis económicas y financieras. 

Resulta sorprendente que se note mejor cuando prospera un sistema económico basado en el monopolio de los negocios, corrupción y sombrías licitaciones; un sistema en el que el businessman se hace señorito y más rico, con tendencia a la ostentación y gala de poderío y en el que el marginado se ve condenado a seguir siendo pobre y excluido. 

Pero lo mas dramático se da cuando los gobiernos ansiosos de notaciones externas, siguen publicando estadísticas y esquemas, convencidos de estar alcanzando sus objetivos de crecimiento y lucha contra la pobreza, en el momento en que la cruda realidad de los pueblos demuestra todo lo contrario. 

El sistema tunecino fue un fiel seguidor de los estándares occidentales a nivel de gobernanza económica que, sin duda, ha sido en beneficio de las dos partes. Pero a diferencia de los países del sur, en el caso de Europa, por ejemplo, se garantizaba a los pueblos, al menos hasta ahora, una cobertura social suficiente que, en general, los ponía a salvo de la precariedad y de la exclusión.

Pero era sin contar con los efectos de la crisis financiera y de la intervención del Fondo monetario internacional que, a pesar de la ineficacia de sus pociones, probada en no pocos países del tercer mundo, sigue empeñado en recetar las mismas fórmulas de menos Estado, de equilibrio presupuestario a toda costa y de recortes sociales; en este caso a los países del norte de Mediterráneo.

Llama la atención el hecho de que la política económica de EE.UU no se inscriba en esta orientación. Al contrario, la administración Obama, refuerza su sistema de cobertura social sanitaria, abarata los créditos e incrementa la inversión pública en vistas a crear empleo. El resultado es que los americanos están recobrando paulatinamente su vitalidad y estado de bienestar, cuando los países europeos siguen bajo las turbulencias del Euro y de las "reformas sociales", a pesar del buen resultado germano.

Es hora para los gurús de las finanzas de recordar que no se puede poner en ecuación matemática a un ser tan sensible y peculiar como el ser humano. En ese sentido la situación geográfica no constituye un argumento serio, pero sí lo es el sentimiento de dignidad y de justicia.

Por todo ello, las voces tunecinas libres no desentonan con el clamor internacional en contra de la deriva neo-liberal, que se apoya en una globalización mercantilista injusta. No se trata pues de elucubrar sobre la teoría de los dominós en el mundo Árabe, porque nos encontramos ante algo mas profundo, complejo y global. Más bien se trataría de la gestación de un nuevo orden mundial justo y humano, que podría haber empezado a la orilla del Mediterráneo.

Que Dios proteja al Pueblo tunecino hermano y que guíe sus pasos.

Abdeslam Baraka

Rabat 21 de enero 2011