domingo, 22 de noviembre de 2009

El Jardìn loco

Cuando el otoño se hace primavera,
Que las mariposas surgen a mi vera,
Que mis flores brotan de nuevo,
Como de un buen cuadro de óleo;

Cuando el vil croar de las ranas,
Se hace eco de malas nuevas,
En vez de ser grito de amorío,
Y presagio de buen augurio;

Algo me estará nublando la vista,
Que falta el oído del artista,
O es que realmente algo turbio,
Emprende algún designio sucio.

¿Caprichosa serías naturaleza?
O mas bien ya sin tu fortaleza
Confundes agua con río,
El calor y tiempo frío.

¿Quien cambió tu entereza,
Y esa lealtad amorosa
Que tenías con el tiempo
Al compás de tu fiel tempo?

Dime ya lo que pasa
Oh, pobre criatura rasa,
Que ya no pasa otoño
Sin que inviertas el año.

Por ti daría la cara,
Por mis hijos sería espada,
Y que paguen moscas y mosquitos
Al son de flautas y vivos pitos.

Por el daño que se te nota,
Por esa balanza rota,
Algunos pocos malos ricos
Sufrirán sus males a gritos.

Porque a nadie se le perdona
No tener amor ni pena.
Vayamos pues juntos al grano
Que sabemos quien de fulano y zutano.

La Madre Naturaleza nos llama
A preservar su eterna belleza,
Antes de que su voz se haga mas débil,
Y que la llama desaparezca de su candil.

Abdeslam Baraka
Rabat 22 de Noviembre 2009

viernes, 6 de noviembre de 2009

¿Que futuro para el Mundo Arabe?

Los países que se ha dado en llamar “el mundo árabe” han heredado de la época colonial unas estructuras administrativas que persisten a través de una metodología de trabajo que, por su resistencia intrínseca a adaptarse a la modernidad, constituyen un verdadero freno al desarrollo. 

Al margen del Foro para el futuro, organizado en Marrakech, es útil recordar los tres factores fundamentales que entorpecen un verdadero desarrollo del Mundo Árabe y que conviene tener presentes en cualquier aproximación al futuro regional. 

Del mismo modo, la impronta cultural occidental, durante los largos años de ocupación, ha engendrado una dualidad social e intelectual que mantiene una seria dicotomía entre modernistas y tradicionalistas que no ha terminado de revelar plenamente todos sus efectos. 

Y en tercer lugar, cabe señalar el paternalismo y los lazos de dependencia mantenidos por las antiguas potencias coloniales, que resultan incompatibles con la visión que queremos tener de un mundo justo para el siglo XXI y de una sociedad libre y responsable. 

Hay que reconocer que incumbe a los Estados del mundo árabe, cada uno en su ámbito nacional, resolver esta ecuación, apoyándose en el enorme potencial material y humano del que disponen. Y contando con una nueva actitud ante sus pueblos y ante la humanidad, poner en marcha la dinámica necesaria para que los Pueblos del Mediterráneo forjen una nueva relación basada en el respeto mutuo y su proyección hacia el futuro. 

Por otra parte, corresponde a los países del norte levantar la actitud de desconfianza y sospecha que mantienen hacia el Sur y acaten definitivamente el profundo apego de unos y otros a sus creencias y tradiciones. 

Es cierto que el punto de convergencia deberá situarse en los valores humanos y democráticos, universalmente reconocidos. Esa plataforma de mínimos constituye el único camino para gozar definitivamente de la previsibilidad y de la estabilidad necesarias al desarrollo. 

Sin estos principios elementales, no se puede plantear la idea del desarrollo duradero en un mundo globalizado que, hasta ahora, solo supo cambiar la crispación política e ideológica de la guerra fría por un enfrentamiento religioso y comunitario. 

Hablar de modelos de desarrollo resulta hoy en día poco creíble. Y sin duda hay que alegrarse del fin de la era de las ideologías dominantes, lo que deja suponer que el ciudadano ha dejado de ser un vasallo de un semejante “iluminado”, que le dicte y le imponga sus elucubraciones y un estilo de vida. 

Es importante que el Estado, en el Mundo Árabe, se mantenga en los limites de su concepto jurídico y que no se erija ni en competidor ni en observador. Pero el Estado no puede eximirse de lo esencial del servicio público y social, por muy liberal que sea y por muchos bienes y competencias que pudiera ceder a la iniciativa privada. Su personalidad moral no permite desvincularlo del conjunto de la población que lo conforma, por lo que la responsabilidad de los servicios concedidos o abandonados por él, deberán permanecer vinculados a su misión pública y a lo que debe ser su esencia democrática.

En el medio plazo, y sin pretender mirar en una bola de cristal, podemos constatar que en el momento en que Occidente se prepara para salir de la crisis, están dando los últimos retoques al Estado de bienestar de las próximas décadas, en el marco del G20. El “mundo árabe”, en cambio, deberá consagrar esas mismas décadas a hacer su examen de conciencia y resolver el problema de la identidad perdida que le afecta, desencadenando la evolución del propio concepto que lo sustenta, lejos de cualquier deriva étnica o racial y apostando por una formación adecuada, personalizada y generalizada de su juventud. 

No será la regla de las mayorías quien logre este objetivo, ni el dictamen emitido por las cúpulas del poder sino las reglas de la concertación y el consenso, que constituyen los únicos elementos aptos para garantizar la adhesión de todos y la continuidad y permanencia de las reformas necesarias. 

En espera de ello, el principal papel de los Estados consistirá en gestionar esta transición como buen padre de familia, con pragmatismo y mesura y facilitar el acceso al conocimiento. 

A veces me pregunto si, en verdad, nos complacemos en mantener una ceguera de la que no padecemos. 

Abdeslam Baraka 

6 de Noviembre 2009

Le Roi du coté du Peuple et le Peuple du coté de son Roi

Je crois fermement que Sa Majesté le Roi sera toujours du coté de son Peuple. C'est là une occasion historique pour les citoyens réfor...