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sábado, 5 de mayo de 2012

Participación de los residentes extranjeros en las elecciones locales.

En el debate entre los dos ilustres candidatos a la presidencia francesa, se hizo referencia al artículo 30 de la nueva Constitución marroquí, dándolo como ejemplo de reciprocidad para la participación de los residentes extranjeros en las elecciones locales.

Sería de gran interés ponerlo en práctica con Estados amigos como Francia, España y tantos mas, a beneficio de los nacionales de los Estados respectivos, con estatus de residente legal.

Sería un buen ejemplo de integración de unos y otros en las sociedades que les acogen, no solo a nivel del discurso político y electoralista, sino de hecho y derecho.

Marruecos, en este caso, esta constitucionalmente autorizado y preparado. Diría que esta a la vanguardia de los derechos de los extranjeros en su suelo. Depende de las diferentes diplomacias, de unos y otros, pasar a la etapa de ejecución recíproca si así lo desean.

"Articulo 30: Son electores y elegibles, todas las ciudadanas y ciudadanos mayores de edad que gozan de sus derechos civiles y políticos. La Ley prevé las disposiciones que favorecen la igualdad de acceso de mujeres y hombres a los mandatos electivos. El voto es un derecho personal y un deber nacional. Los extranjeros gozan de las libertades fundamentales reconocidas a las ciudadanas y a los ciudadanos marroquíes, conforme a la Ley. Los extranjeros que residen en Marruecos, pueden participar a las elecciones locales en virtud de la Ley, de la aplicación de los convenios internacionales o de la práctica de la reciprocidad...." (traducción no oficial).

Si esto no es una disposición voluntaria, vanguardista, humana, solidaria, y democrática, que el cielo se me caiga encima. ¡A los que gustan dar lecciones de democracia, que tomen ejemplo!!!

Abdeslam Baraka

Rabat el 5 de Mayo 2012

martes, 10 de abril de 2012

¡Cuando prometen ser bravos y dar caña!

Cuesta saber, que en tiempos de campaña
Prometan ser mas que bravos y dan caña.
Una vez en el poder, como si nada;
Igual recortan la mismísima paga.

¿Que quedará del modelo de bienestar
Que tanta energía tuvo que costar?
¿Acaso no hay mas remedio que sufrir,
El desengaño de promesas sin cumplir?

No comprendo que se ponga en apuros
A democracias por unos cuantos duros,
Que ni Pueblos gastaron ni de ellos vieron fruto.

Mi voto a Dios viene por ser devoto.
Que nadie crea que por ganar mi voto,
Pueda disponer a su gusto de mi ser por ser astuto.

10 de abril 2012

Abdeslam Baraka

jueves, 30 de diciembre de 2010

Democracia y modelo de sociedad


Unos quisieron imponer su modelo de democracia a punta de cañón, otros chantajeando a los pueblos de África y América Latina con el cese de la inversión y de la ayuda al desarrollo; y otros erigiéndose en protectores con un pretendido derecho a la patria potestad sobre los países del sur.

El resultado es desolador y la democracia aparece cada vez más desprestigiada y menoscabada, sobre todo en los países desarrollados del norte. ¿Cómo explicar sino, que un gobernante recién votado y democráticamente elegido, decida suprimir quinientos mil puestos de trabajo o triplicar las matrículas universitarias, en contra de sus promesas electorales? ¿Cómo concebir que en el Viejo continente, los compromisos electorales hayan sido sustituidos por las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional que tanto daño hicieron a los países del Sur, en la década de los ochenta? ¿Y cómo se puede justificar que los pueblos deban sufrir y pagar por una mala gestión sin que se depuren responsabilidades?

Ahora que el panorama está así de despejado y las mentiras y oportunismos ya destapados, las sociedades tienen la ocasión histórica de retomar las riendas de su destino y resguardarse de similares abusos en el futuro.

Lo único positivo en este contexto trágico de desorientación y de espera (sin hablar del efecto inesperado y devastador de WikiLeaks), es que ya no se puede dar lección alguna de nada a nadie y que el futuro está de nuevo por construir.

La democracia seguirá sirviendo como marco de gobierno y de convivencia pero habrá que desligarla de las ideologías, ultraliberal, del populismo y de las creencias exacerbadas, como lo fue de los sistemas populares y totalitarios.

El objetivo de la democracia no es desembocar en un modelo único de sociedad sino el de permitir la coexistencia de antagonismos y rivalidades en un marco pacífico y de entendimiento. Nos orientaríamos, pues, hacia una democracia real, afirmada en la sociedad civil y que nos permita ser coherentes con nuestras señas de identidad respectivas. Que respete nuestras culturas y creencias  para facilitar la enriquecedora convivencia.

De ahí, la necesidad de identificar, fomentar y desarrollar en cada cultura, los principios que coincidan con los valores universalmente reconocidos como democráticos, para que el comportamiento democrático sea un aprendizaje natural y permanente, empezando por el respeto al otro como base de todo sistema sociopolítico que garantice los derechos fundamentales a la vida, a la libertad y a la solidaridad.

La democracia no necesita de fórmulas abstractas para conseguir la buena gobernabilidad; basta con el sentido común, la libertad de voto y el consenso en los temas fundamentales.

Las actuales democracias pecan por defecto. Se hacen cada vez más rígidas y formales, a través de un sistema partidista que monopoliza, paradójicamente, el diálogo y la confrontación. Se ha marginado a los otros componentes de la sociedad y se ha enjaulado a la democracia en un laberinto de procedimientos y tecnicismos que le substraen toda substancia.

No todos los políticos ignoran esta realidad pero muchos son los que se aprovechan de un efímero mandato electoral para sacar pecho y lucir corbata nueva. Para estos personajes, la inmunidad parlamentaria, las relaciones de alto nivel y las amistades empresariales se transforman en abuso de poder.

Por todo esto, tendremos que reinventar las reglas del mandato para que nunca más un acto democrático y voluntario se transforme en un secuestro a plazo de la voluntad popular. Una pista posible sería la ampliación de las causas de destitución y del ejercicio del referéndum e iniciativa popular, así como el control del desmedido poder de los partidos políticos. La segunda alternativa atañe a la incomprensible disciplina de los grupos políticos en las instituciones representativas, que  contradice el principio constitucional de que el voto parlamentario es un deber y un derecho personal indelegables.

Lo cierto es que ni las malas prácticas de gobernabilidad ni los efectos perversos de las crisis actuales deben mermar nuestra decidida opción por la democracia. Ahora más que nunca debemos preservarla y protegerla de las insidias de la reacción.

Por suerte, la democracia no es monopolio de nadie, mas bien constituye el único medio para el ciudadano de poder cambiar el curso de los acontecimientos. No importa esperar cuatro o cinco años para recordarlo y exigir replantear los fundamentos alterados. La vida de los pueblos no se mide en términos de mandatos sino por el bienestar de una vida social en la paz que procede de la justicia.

Abdeslam Baraka

Rabat el 29 de diciembre 2010

viernes, 29 de octubre de 2010

El voto popular no es un cheque en blanco

El actual contexto democrático nos está dando señales de agotamiento que no acabamos de percibir y no calla su alarido de advertencia que tampoco termina de convencernos.

Cuando el éxito electoral del Frente Islámico de Salvación en Argelia pudo justificar, ante occidente, el golpe de Estado militar; cuando un sistema democrático permite la elección de un movimiento populista que niega el derecho de la oposición a existir y a luchar con armas iguales; cuando un gobierno democráticamente y "civilizadamente" elegido pretende que el mandato popular le permite convertirse en dirigente absoluto durante el periodo constitucional, es que algo nos llama a recuperar el concepto democrático para preservarlo de los oportunistas y de los idiotas cortesanos.

Las recientes experiencias europeas, en particular la francesa y desde ya la británica -por fijarnos en las mas vistosas-, nos interpelan directamente sobre el plebiscito de un programa electoral y la credibilidad de su portavoz, frente a los principios democráticos que no deben limitarse a la mayoría parlamentaría y partidista, sino que trascienden la democracia aritmética hacia el mayor rayo de diálogo y acercamiento social.

En los dos casos podemos observar como algunos protagonistas se aferran a reformas anunciadas en sus campañas electorales en un contexto ya obsoleto -por el hecho de la crisis-, sin siquiera tratar de "reprogramarlas" y adaptarlas por la vía del diálogo y de la negociación. Del mismo modo, podemos ver como no les tiemblan las manos cuando tienen que introducir recetas "pre-cocinadas" del Fondo Monetario Internacional -ahora también toca a los poderosos-, pasando por alto sus propias promesas electorales.

Tampoco se puede entender que en ciertos países de América Latina, el resultado electoral permita a los vencedores cambiar el rumbo de toda una sociedad, como si la verdad y la democracia misma acompañara sus programas de gobierno. No se trata aquí de poner en cuestión la voluntad de cambio y de progreso sino de alertar sobre la experimentación de modelos ideológicos de manera no consensuada con las sociedades llamadas a sufrirlos.

En cuanto al Mundo Árabe, no se si vale la pena volver al caso del F.I.S, y a la fecha fatídica del 11 de enero 1992 en la que se decidió revocar la primera vuelta de las elecciones legislativas en Argelia (el partido islamista obtenía el 82% de les escaños) o centrarnos en el realidad política palestina reciente que no acaba de sorprender.

Sorprenderá, imagino, saber que en las elecciones parlamentarias del 2006 el Movimiento Hamas obtuvo mayoría absoluta del pueblo palestino y que actualmente es considerado por Occidente como una organización terrorista. Que por otra parte, la comunidad internacional liderada por Estados Unidos de América pretende cerrar unas negociaciones de paz con interlocutores de las dos partes, en ausencia del ganador de los últimos comicios palestinos aunque para alegría de algunos, hace tiempo que el mandato electoral palestino dejó de serlo.

¿Cómo tratar con estas grandes contradicciones que pretenden mostrarnos el otro lado del espejo, como si nuestras sociedades fuesen agrupamientos de seres incultos que carecen de discernimiento o que padecen de idiocia? ¿Cómo no amarrarse y arrimarse al único significado de la democracia al que necesitamos atenernos y que nos es mas que la garantía de expresarnos libremente como individuos, como estructuras o colectividades en el marco de un Estado que nos representa y que configura nuestra propia emanación.

En democracia, el voto popular no puede ser considerado como un cheque en blanco durante el mandato electoral, sea para unos o para otros. El voto permite desempatar a competidores políticos pero de ninguna manera niega la existencia y derecho a la existencia plena, humana y ciudadana de los perdedores. Justamente por ello las normas democráticas constitucionales prevén, estructuras representativas de las fuerzas políticas mas significativas mecanismos de control y censura.

Optar por una política de excesiva disciplina partidista, por el discurso único o dicho de otra manera, por la negación de la esencia de los principios de representatividad y de conciencia, resulta ser el virus principal de nuestras sociedades. Algo falla pues en Democracia, algo en ella necesita reforma y rectificación, para que no sirva de puente a sus detractores y siga siendo, por mucho tiempo, nuestra manera de vivir y de convivir en paz.

No se trataría tanto del contenido sino del método ¿Puede ser?

Abdeslam Baraka
CCS

Rabat el 23 de octubre 2010